Los ciclos económicos argentinos nos encuentran nuevamente
con una creciente variación en el valor de la divisa norteamericana a
diferencia del estatismo del valor oficial. Celos y recelos, culpas o no
cruzadas, planes apropiados o no.
Historias conocidas por todos nosotros que nos provocan
temor y la búsqueda de tranquilidad y un
horizonte más claro.
Si nos remontamos a frases clásicas escuchadas por los
argentinos, “el que apuesta al dólar pierde”, “el que deposito dólares recibirá
dólares”, o una serie de impuestos y trabas sobre la divisa norteamericana
generan viejos temores.
Esto nos da el pie para hablar de los dos tipos de
emocionalidad positiva y negativa y sus relaciones.
Emocionalidad negativa, es aquella que nos carga de temor,
de miedos y nos pone a la defensiva, esta emocionalidad está relacionada con
nuestro pasado. Eventos que hemos vivido nos provocan una reacción que hace que
perdamos nuestro horizonte, que no se vea una salida clara y que las decisiones
erróneas tomadas en el pasado nos puedan repercutir en el presente.
Emocionalidad positiva, es aquella que nos da esperanza, que
nos hace ver claro el horizonte y nos llena de fuerza para avanzar y realizar
determinados actos para llegar a cumplir nuestro objetivo, esta emocionalidad está
relacionada con nuestro futuro. Eventos que proyectamos y que nos hacen tomar decisiones
en nuestro presente para llegar a ese futuro deseado.
Este momento económico nos plantea una mezcla de ambas
emocionalidades, el temor de lo vivido nos impulsa a realizar acciones que no
pongan en peligro nuestro horizonte o que quizás no lo dejen tan lejos de lo
proyectado. Sin profundizar en el estudio económico de toda esta situación, hay
una fuerte componente emotiva que nos lleva a actuar, quizás bien, quizás mal
pero es nuestra emoción quien nos impulsa.
Así marchamos hoy los argentinos, con nuestra emocionalidad
a cuestas y mirando de reojo el dólar y su cotización.
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