2. No hay excelencia sin exigencia. No hay calidad personal sin esfuerzo. Por eso vencer la pereza y la comodidad es el inicio de la excelencia.
3. Sea sincero con usted mismo: no confunda lo
que es, con lo que le gustaría ser. Pregunte a los demás cómo lo ven; así
tendrá una buena base para el auto concepto.
4. La excelencia supone repetición de acciones
buenas. La fuerza de voluntad se adquiere por repetición de actos que requieren
esfuerzo. Por eso, pase a la acción: no se quede en buenos deseos.
5. La agresividad es una señal de inseguridad.
Los complejos, los miedos, las manías… van minando la propia seguridad.
6. La envidia y el orgullo son auto
destructores de la excelencia.
7. Dos síntomas de autoestima inapropiada:
mirar a los demás con aires de superioridad y la falta de confianza en uno
mismo.
8. La excelencia personal es un proceso de
mejoramiento continuo para desterrar hábitos negativos y adquirir otros
positivos.
9. Cuando quiera decir sí, dígalo; cuando
quiera decir no, también. Atrévase y no se sienta mal por decirlo. Es su
derecho. Pero hágalo con buenas maneras.
10. La excelencia no es la presunción del que
se cree perfecto o del que piensa que todo lo puede por sí mismo. Es el
convencimiento de que con la ayuda de los demás y de Dios, unidos al esfuerzo
personal, puede ser mejor cada día.
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