Cuando hablamos de ventajas
competitivas, pensamos y buscamos aquellas cosas que nos distinguen de los demás,
que nos hacen únicos, diferentes exclusivos. Como definición está bien, pero no
nos debemos quedar solo en ello.
Cuando buscamos una ventaja
distintiva pensamos en el costo de armar algo original, diferente y podemos
caer en gastos inmensos que luego no se pueden equiparar con los resultados obtenidos.
Simple pero real y sucede muy a menudo, mucho esfuerzo y poco resultado.
Energías mal ubicadas, énfasis equivocado,
desmotivación y desilusión suelen ser los resultados obtenidos.
Si damos una primer mirada en
realidad veremos que en gran medida lo distintivo pasa por hacer exitoso lo
predecible y lo simple. Porque nuestros clientes esperan recibir con éxito aquello
que van a buscar y si eso que esperan se convierte en algo maravilloso y
excepcional hemos dado un gran paso adelante.
Solo cuando esto esté así, podemos
buscar agregar otras cosas para potenciar esa satisfacción.
Y por donde comenzamos, por
nuestro personal, porque ellos como personas son únicos e irrepetibles, así
nace nuestra exclusividad, formando a nuestros colaboradores como personas únicas
e importantes en sus funciones. Hacerlos sentir de esa forma redunda en un
gesto laboral superior. El segundo escalón son nuestros gerentes y personal
directivos, sin su interpretación del negocio y de la satisfacción de sus
colaboradores, no tendrán un negocio exitoso.
Con este esfuerzo de preparación
de nuestra gente tenemos el camino resuelto para iniciar el camino hacia un
servicio diferente y distintivo.
Quien no de este paso en forma prioritaria,
estará esforzándose en resultados magros y desmotivadores.
Siempre nuestro éxito se basa en
nuestra gente.
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