El error que se cometió fue pensar en una solución netamente monetarista de ahorro, recortes y cambios impositivos. Pero esto no ayudo y la inflación en su componente de núcleo, que abarca el 70% de los precios que se miden, aumento, provocando una nueva suba superior a la pronosticada y deseada por el gobierno.
Esto impacta directamente sobre el salario y su poder adquisitivo.
El salario y los diferentes aumentos otorgados no hicieron más que generar mayores diferencias y contrastes, los gremios lograron cifras que rondan el 30%, las entidades privadas o el personal fuera de convenio otorgaron solo un 12%, dándose la paradoja que profesionales titulados tengan sueldos inferiores a los empleados de comercio, por ejemplo, esta rara paradoja argentina nos lleva a ver que es más rentable trabajar bajo un gremio o ser empleado público, que ser trabajador independiente o un profesional sin convenio.
Estas divergencias o desbalances, sumados a como se dijo, una política errónea y netamente monetarista, nos siguen sumergiendo en una zona gris que mantiene la recesión existente.
Se necesita urgente un cambio de dirección y de políticas económicas, que dejen de lado el monetarismo y se enfoque en los proceso productivos generadores de valor y la restricción impositiva como apoyo a ellos.
Además un cambio de política decisoria por parte de nuestro presidente, que retomen la confianza que se está perdiendo.
La imagen se construye con acciones, decisiones y actitudes, no solo con spots publicitarios, para ello se necesita algo llamado aptitud.
Se tendrá la aptitud para torcer el rumbo?